martes, 30 de enero de 2018

Ademas del vino y la gastronomía, existe una Rioja que nos permite adentrarnos en la historia cultural de España y Monasterios como el de San Millán de Yuso y Suso, son el mejor ejemplo de ello. 
Salimos de Valladolid en dirección a la bonita población riojana de Cañas y después de 207 Km llegamos a nuestro  destino, el Real Monasterio de Santa María del Salvador, una de las primeras abadías cistercienses de España.
En la construcción de este monasterio pueden verse tres etapas bien diferenciadas, la románica de la que apenas quedan vestigios, la gótica que correspondería a parte de la iglesia y sala capitular y la posterior al siglo XVI. Nada mas comenzar la visita de la iglesia,lo primero que te sorprende  es la gran luminosidad que procede de sus grandes veinte ventanales, que tienen la particularidad de que en vez de estar cubiertos por cristales, lo están de laminas de alabastro blanco (por ello es conocido como el “Monasterio de la luz”), de su interior, destacar el magnífico retablo renacentista situado curiosamente a los pies de la iglesia. Pasando por el claustro, accedemos a sala capitular por una puerta con tres arquivoltas de una gran belleza y de su interior, resaltar el sepulcro gótico de Doña Urraca López de Haro.
También desde el claustro, llegamos al museo de la antigua “cilla” (almacén de grano y bodega), que recoge las obras de arte que el monasterio ha acumulado a lo largo del tiempo, como retablos, tallas y pinturas. Además, visitamos un pequeño museo que aglutina numerosas reliquias conseguidas a lo largo de su historia, entre ellas podemos citar: las herraduras del caballo de Santiago o un trozo de la cruz de Cristo (Lignum Crucis).La comunidad de monjas cistercienses que habitan el monasterio se dedica, además de a la oración, a elaborar exquisitos dulces y atienden una pequeña hospedería.
Paramos a comer en Restaurante “La Cueva del Chato”, en la pequeña localidad de Canillas de Río Tuerto, a menos de un kilómetro de Cañas. Se trata de en una antigua bodega, con una comida casera y lo mejor la atención de su personal. De lo que probamos quiero destacar el pulpo a la brasa.
Continuamos la ruta en dirección a Nájera, una tranquila población situada a 26 Km de Logroño y 14 de Cañas. En este lugar nos encontramos con el segundo de los monasterios que vamos a visitar: el Monasterio de Santa María la Real. Su imagen exterior muy austera, contrasta con las joyas que conserva en su interior. El monasterio fue fundado por el rey Don García Sánchez III “el de Nájera”. El origen de su fundación viene de la leyenda que cuenta que estando el monarca de caza, soltó su halcón en persecución de una paloma, perdidas ambas aves, el rey se internó entre unos árboles en su búsqueda y se encontró con una cueva de la que salía un gran resplandor, en su interior localizó la imagen de una Virgen con el niño y la paloma agachada a su lado, junto a un jarrón de azucenas. Surgió de él la idea de levantar una iglesia en este lugar y a la vez, fundó la Orden Militar de los caballeros de la Terraza o de la Jarra, una de las órdenes militares más antiguas de España. 
Dentro del monasterio nos detenemos en primer lugar en el bello Claustro de los Caballeros, una combinación de estilos gótico, plateresco y renacentista, al que se accede por la puerta de Carlos I que se encuentra ornamentada con un gran escudo real y en una de las esquinas del claustro, se abre la capilla que contiene el sepulcro de la reina de Portugal Mencia López de Haro. 
Este lugar ha sido durante siglos lugar de enterramiento de muchos nobles, justo a la entrada de la Iglesia es de resaltar el sepulcro románico con escultura yacente de Diego López de Haro, ya en el interior de la Iglesia es de destacar su gran Retablo Mayor, de estilo barroco, donde sobresale en el centro la talla románica de Santa María La Real. A los pies de la nave central accedemos al Panteón Real, el segundo más importante después del de El Escorial y en donde se encuentran los sepulcros de los reyes del reino de Nájera-Pamplona, precursor del reino de Navarra. 
A su lado, se encuentra el Panteón de los infantes, con trece esculturas renacentistas y frente a ellas, destaca el sepulcro de Doña Blanca de Navarra, una verdadera joya del románico. En la parte posterior se sitúa la cueva que dio origen al monasterio, con la Virgen de Nuestra Señora de la Rosa en su interior.
Dejamos para el final la visita del espectacular coro, situado en la parte alta de la iglesia. Las tallas de los respaldos y las misericordias de la sillería se encuentran talladas en madera de nogal, destacando por su belleza la silla abacial que representa la figura policromada del rey García el de Nájera.
Para descansar este primer día, nos quedamos en el Hotel  Duques de Nájera, situado en un palacio del siglo XVII, junto al río Najerilla, en Nájera. Es un hotel pequeño y acogedor, muy cerca de la zona de bares y calles peatonales, por lo que en fin de semana es un poco ruidoso.
El segundo día nos trasladamos a la población de San Millán de la Cogolla, donde se encuentran los monasterios de Yuso y Suso, conjuntos declarados desde 1997 Patrimonio de la humanidad y cuna del castellano. El municipio tomo su nombre del santo Millán, un ermitaño fundador de una comunidad de monjes que daría lugar a uno de los focos culturales más importantes de España
El Monasterio de Suso, tiene sus orígenes en el S.VI, se encuentra situado en medio de un enclave espectacular y en torno al sepulcro del santo dentro de la cueva rupestre donde había vivido como ermitaño. Del actual Monasterio de Suso, construido entre los siglos VI al XI, quedan algunos vestigios importantes de los diversos momentos históricos por los que atravesó: las cuevas rupestres, unos compartimentos abovedados de los que solo se conservan los muros y varios arcos visigóticos.
En el acceso al monasterio nos encontramos con las tumbas de los infantes de Lara (conocidos por el romance del mismo nombre y uno de los más importantes de la literatura castellana), según cuenta la leyenda, se trataba de siete hermanos hijos del noble Gonzalo Gustioz, fueron capturados por los musulmanes, trasladados a Córdoba y decapitados. Los cadáveres se condujeron a Castilla y fueron depositados en unos sepulcros pétreos que se ubicaron en el pórtico de este monasterio. (Como curiosidad, indicar que las cabezas de los infantes se encuentran en la iglesia de Santa María en la población burgalesa de Salas de los Infantes).
Por un arco mozárabe con capiteles de alabastro, nos adentramos en el monasterio mozárabe en donde son de destacar tres grandes arcos de herradura. 
Al fondo observamos el resto de la primitiva construcción visigótica. En el interior, destacar el mausoleo de San Millán, un “cenotafio” (monumento funerario en el que no está el cadáver) tallado en alabastro negro con la figura del santo, vestido con ropajes sacerdotales.
La popularidad del santo hizo que la comunidad de monjes creciera durante siglos y cuando el monasterio “de arriba” del latín “sursum” (suso = arriba) se quedó pequeño, se hizo necesaria la construcción de un nuevo monasterio, el de Yuso (“deorsum”=abajo) que visitamos seguidamente.
Si dispones de tiempo, recomiendo después de la visita de Suso bajar a pie, en lugar de utilizar el autobús, por un sendero que te lleva de regreso al Monasterio de Yuso,en medio de un espectacular paisaje, en un recorrido de unos 20 minutos.

El origen de la construcción del Monasterio de Yuso se refleja en una leyenda que narra como el rey García el de Nájera, ordenó el traslado de los restos de San Millán que se encontraban en el Monasterio de Suso al Monasterio de Santa María La Real de Nájera. Los bueyes que tiraban de la carreta se detuvieron como si los restos del Santo no quisiesen abandonarlo, construyendo en ese lugar el actual Monasterio. Se trata de un monasterio que en sus orígenes era románico pero del que en la actualidad no queda ningún resto y sobre el que se construyó entre los siglos XVI y XVIII el templo que podemos ver en nuestros días.
 
La visita se inicia por el Salón de los Reyes, llamado así por los cuatro grandes lienzos que representan a reyes benefactores del monasterio y en donde también podemos ver una réplica del famoso Códice 60, con las “Glosas Emilianenses”, se trataba de escritos en una lengua que no era el latín y que para algunos son consideradas las primeras manifestaciones del castellano y el euskera. 

Según nos comento el guía, desde San Millán llevan tiempo reclamando el retorno del códice original, que se guarda en Madrid en la Real Academia de Historia desde mediados del siglo XIX, junto otros setenta códices procedentes de este monasterio benedictino.
A continuación se atraviesa el Claustro bajo del s.XVI, aunque sus bóvedas son góticas la concepción es renacentista. El itinerario prosigue hacia la Iglesia, construida entre 1504, siendo lo más destacable: el retablo mayor obra de un discípulo del Greco, la extraordinaria rejería, la sillería del coro y la joya del monasterio, un bello púlpito en madera de nogal.
La visita a la planta inferior termina en la parte más llamativa, la Sacristía, en donde son de resaltar los frescos del techo que se conservan con toda la riqueza de su color original. También es de destacar la cajonería en madera de nogal, encima de la cual se encuentran varios  óleos sobre cobre y todo sobre un suelo en alabastro que llama la atención del visitante.
Acto seguido se accede a la segunda planta, para visitar el Claustro superior, bien diferente al de abajo, ya que el estilo predominante allí es barroco. En las paredes, numerosos cuadros con escenas que versan sobre la vida de San Millán. En esta misma planta se visita la sala que más nos impresiono, la que alberga la Sala de Cantorales, estos gigantescos libros datan de 1730, son copias de originales anteriores, realizados en hojas de piel de cordero con un peso entre 20 y 60 Kg . 
La joya del monasterio, desde el punto de vista religioso, son las reliquias de San Millán, que se encuentran en un arca recubierta de placas de marfil y con su armazón de plata.
Por último no quiero dejar de mencionar la biblioteca en la que se conservan más de 10.000 volúmenes, no es visitable por el público y está dedicada solo a investigación. 
Las entradas para las visitas se compran en el Monasterio de Yuso (Coste 7 € y 1 hora de duración), pero para las de Suso es conveniente reservar previamente, dado que tiene un cupo limitado (Coste 4 € y 35 minutos de duración).Por otra parte, hay que tener en cuenta que Suso no puede visitarse llegando en vehículo propio, le debemos dejar en el aparcamiento de Yuso y después de recoger las entradas, hay que coger un mini-bus que sale desde la misma calle del parking cada 30 minutos. 
Llegada la hora de comer, nos quedamos en Asador San Millán, justo al lado del Monasterio de Yuso, tienen un comedor enorme, sin embargo acogedor, comida normal (tienen un menú de 15 euros). Recomiendo reservar ya que suele estar lleno.
Ponemos rumbo a Valladolid con una parada en Santo Domingo de la Calzada (18 Km).En este lugar, nos detenemos a visitar su Catedralun punto clave del peregrinaje en el Camino de Santiago. 
El conjunto catedralicio es gótico y románico, con una torre barroca separada del edificio principal. Del interior destacar: el retablo mayor realizado por Damian Forment en alabastro y nogal, narra escenas de la vida de Cristo; la capilla de la Magdalena con una bella decoración plateresca y su magnifica reja; el Mausoleo de Santo Domingo, que aún conserva parte de su policromía original y justo al lado llama la atención un gallinero de estilo gótico en piedra, donde viven un gallo y una gallina que rememoran uno de los milagros más célebres del Santo, que posteriormente explicare.
Ponemos fin a esta interesante ruta, en donde hemos podido respirar la tranquilidad que da el paso por Monasterios centenarios, junto a la belleza de sus edificios y paisajes.

Otras sugerencias y curiosidades.
Leyenda del milagro de Santo Domingo sobre el gallo y la gallina: Un matrimonio alemán y su hijo, se dirigen en peregrinación a Santiago de Compostela y al llegar a Santo Domingo se hospedan en un mesón. Aquí la hija del posadero se enamora del joven, pero al no ser correspondida decide vengarse escondiendo una copa de plata en el equipaje del chico. Cuando éste abandona la ciudad la muchacha denuncia el robo,  y como las leyes de entonces castigaban con pena de muerte este hecho, el joven fue apresado y condenado a la horca. Al día siguiente, sus padres, antes de continuar el viaje, van a ver el cuerpo de su hijo, quien sorprendentemente estaba vivo. Los padres acuden a contar el suceso al corregidor de la ciudad, pero éste, escéptico, comenta que el joven está tan vivo como el gallo y la gallina asados que se dispone a comer. Al instante, las aves recuperaron las plumas y saltaron del plato. En recuerdo de este suceso, se mantienen un gallo y una gallina vivos en un gallinero situado en el interior de la Catedral, los cuales se cambian cada mes y donde es frecuente oír cantar al gallo.
José María Vicente



Deja un comentario

Subscribe to Posts | Subscribe to Comments

- Copyright © Desde Valladolid a rincones con encanto - Disñado por Jorge VR -