domingo, 16 de febrero de 2020




Dedicaremos esta ruta a conocer alguno de los rincones más significativos de Sevilla, una de las ciudades más visitadas de España. La ciudad hispalense es algo más que folklore, vinos y tapas, posee una increíble riqueza monumental, que la hizo merecedora en 1987 ser declarada Patrimonio de la Humanidad, por tres importantes edificios del Centro Histórico de la ciudad, la Catedral, los Reales Alcázares y el Archivo de Indias.

La mañana del primer día la vamos a dedicar a visitar la Catedral de Santa María de la Sede. Construida sobre una antigua mezquita, es por sus dimensiones la tercera de la orbe cristiana, después de San Pedro del Vaticano y San Pablo de Londres. La Catedral de Sevilla construida en estilo gótico, cuenta con diez puertas por las que se puede acceder o bien salir. Alguna de las más significativas: La Puerta de San Miguel, construida en el siglo XV, es una de las más conocidas de la Catedral hispalense, por ella entran todas las cofradías para hacer estación de penitencia en Semana Santa, en su tímpano se observa el Nacimiento de Cristo. La Puerta de la Adoración de los Magos, conocida popularmente como la Puerta de los Palos, se encuentra situada a los pies de la Giralda, debe su nombre al relieve con este pasaje bíblico que se encuentra en el tímpano. La Puerta de Campanillas da acceso a la Capilla Real, la portada recibe el nombre de Campanillas porque en la época de su construcción era desde donde se tocaban las campanillas para llamar a los obreros.
Accedemos al interior del templo por la Puerta de los Palos, realizando un recorrido de izquierda a derecha por alguna de sus capillas, donde podemos contemplar las innumerables obras artísticas que cobijan. La primera Capilla que visitamos es la de San Pedro, donde es de resaltar un hermoso retablo pintado por Zurbarán. Nos dirigimos a la cabecera del Templo, donde se sitúa la Capilla Real, en el centro del altar se aloja la imagen gótica de Nuestra Señora de los Reyes, patrona de Sevilla, (No visibles por su vestimenta, los cabellos de la Virgen, se encuentran simulados con hilos de seda y oro) y justo delante, podemos ver una valiosa urna de plata labrada contiene el cuerpo del Rey Fernando III el Santo, patrón de la ciudad. Por la Capilla del Mariscal, junto a la Puerta de Campanilla accedemos a la Sala Capitular, donde nos llamó la atención el particular diseño del pavimento y la gran cúpula elíptica, junto con la excepcional obra de Murillo representada por una bella Inmaculada Concepción. La siguiente sala en donde nos detenemos es el Antecabildo, podemos ver diversos libros sobre facistoles y atriles. Pasando el Patio del Cabildo llegamos a la Sacristía Mayor, recinto monumental de una extraordinaria belleza, donde vamos a encontrar obras pictóricas de Zurbarán o Murillo entre otros artistas, junto a valiosas piezas de orfebrería como la custodiarenacentista de Juan de Arfe, de más de trescientos kilos, que se utiliza en la procesión del Corpus Christi y las tablas Alfonsíes, un valioso tríptico gótico de plata y esmeraldas, que aloja en sus casetones nada menos que 320 reliquias de Santos.
La siguiente sala por la que pasamos es la Sacristía de los Calices, donde es de resaltar una hermosa pintura de Goya, “Santa Rufina y Santa Justa” y un candelabro plateresco de quince brazos, utilizado en las procesiones de Semana Santa.
En el extremo derecho del crucero nos encontramos con el grandioso mausoleo de Cristóbal Colon, sobre el que existe controversia por la autenticidad de los restos que allí se encuentran.
La última capilla que visitamos en la nave de la epístola, fue la Capilla de la Virgen de la Antigua, con un retablo de marmol, presidido por un hermoso fresco del siglo XIV de la Virgen del mismo nombre, de gran devocion entre los navegantes. En la nave del evangelio (izquierda, de cara al altar mayor), se encuentra una de las capillas más bonitas, la dedicada a San Antonio, separada por una hermosa reja, podemos ver dos obras maestras de Murillo, “Visión de San Antonio” y  “Bautismo de Cristo”, asi como una bella pila bautismal renacentista y unas hermosas vidrieras de los Apostoles.
De la grandiosidad del templo, cabe destacar la Capilla Mayor, donde nos detenemos para admirar el Retablo de casi 30 metros de alto por 20 de ancho, uno de los mayores de la cristiandad, se trata de una autentica obra de arte con un conjunto de cuarenta y cuatro relieves y más de doscientas figuras que representan escenas de la vida de Cristo y de la Virgen. Recomiendo no pasar por alto dos bellas tallas del siglo XIII: el Cristo del Millon, una imagen ligeramente inclinada a la izquierda, situado en lo alto del retablo y la Virgen de la Sede, situada en la parte central del retablo, recientemente restaurada, se trata de un conjunto de madera tallada, policromado el rostro y las manos de ambas figuras, así como los pies del Niño y la corona de la Virgen, el resto está cubierto por finas láminas de plata. Frente al Altar Mayor, se encuentra el Coro, en el que destaca la sillería de ébano, un bello facistol renacentista y el órgano.
En el lateral del coro, una pequeña capilla nos muestra la popularmente conocida "Virgen cieguecita", una hermosa talla de Martínez Montañés que tiene los ojos entornados. No quiero dejar de mencionar las bellas vidrieras flamencas del siglo XVI, una autentica maravilla.

De la antigua mezquita, se conserva el minarete, actual y emblemática Giralda, campanario de la Catedral sevillana. El alminar, de cerca de cien metros de altura, se encuentra construido el ladrillo, en donde puede verse cuatro grandes paños de “sebka” (ladrillo tallado). Destacar el cuerpo en donde se encuentran las 24 campanas, marcadas cada una de ellas con su nombre. La parte alta de la torre se encuentra coronada por el “Giraldillo”, una veleta en forma de mujer. Nos animamos a subir por las 35 rampas y no escaleras (esto es así para que el encargado de llamar a la oración, pudiera subir a caballo), lo que se hace con relativa facilidad y desde lo alto del minarete pudimos admirar unas impresionantes vistas de la ciudad.
Una vez en la parte baja, saliendo por la Puerta del Pilar, nos adentramos en el Patio de los Naranjos, otro de los restos que quedan de la antigua Mezquita. Se trata de un patio repleto de naranjos, unido por canales de riego sobre el pavimento y en donde sobre las paredes del recinto pueden leerse numerosas frases del Corán, labradas a mano en escritura arábiga. Ponemos fin a esta interesante visita saliendo de la Catedral por la Puerta del Perdón.

En los exteriores, además de los típicos coches de caballos, encontraras "gitanas" que portan el clásico romero, que te ofecen a cambio de un donativo, para adivinar tu futuro, eso si ahora menos pesadas que en otros tiempos.

Parada para comer en Taberna Coloniales, un local situado en las proximidades de la Catedral. No reservan mesa, así que tendrás que dejar el nombre y esperar a que te llamen, pero con una cervecita en la puerta, la espera se pasa volando. De lo que probamos, destacar las berenjenas crujientes y el solomillo al whisky. Buena relación calidad-precio.

Después de la comida, nos dedicamos a visitar el Barrio de Santa Cruz, antigua judería de la ciudad y la segunda más grande de España después de Toledo.
Accedemos al interior del barrio por la Plaza del Triunfo, lugar en donde se encuentra el Alcázar, llegando al Patio de Banderas, antigua plaza de armas. Desde esta última plaza nos dirigimos a la calle Judería, pero para ello deberemos pasar por un pasadizo bajo arcos y bóvedas de ladrillo que nos conducirá al Callejón del Agua. En esta emblemática calle, se levanta un tramo de muro de unos 140 metros de largo por cuyo interior se encuentran unos tubos por los que antiguamente se transportaba el agua hasta los Reales Alcázares. La siguiente parada es la Plaza de Santa Cruz, perfumada por el olor de las flores de azahar, tiene en el centro una cruz de hierro forjado, con cuatro brazos de serpientes (Siglo XVII).

Por un lateral de esta plaza, se accede a los Jardines de Murillo, en donde son de destacar los grandes y espectaculares ficus con más de cien años de antigüedad. La siguiente plaza que nos encontramos es la de los Refinadores, con la estatua de Juan Tenorio en el centro. Pasando por la Plaza de las Cruces, llegamos a la calle Ximénez de Enciso, donde conviene detenerse en el N.º 30 para ver un magnifico patio andaluz. Girando a la izquierda por la calle Jamerdana, llegamos a la Plaza de los Venerables, donde se sitúa el Hospital de los Venerables Sacerdotes, construido con la finalidad de albergar a los sacerdotes jubilados, conserva un bello patio barroco y su iglesia, donde son de resaltar los frescos de la bóveda del presbiterio. Caminando por la calle Gloria (Conocida por los enamorados como el Rincón del beso), llegamos a la Plaza de Doña Elvira, antiguo corral de comedias, en donde se sitúa la casa de Doña Inés de Ulloa y Don Juan Tenorio (N.º 6). Continuando por la calle Rodrigo Caro y la concurrida calle Mateos Gago, salimos de este espectacular barrio.

La costumbre de abrir las puertas de las casas para poder admirar el encanto de sus patios está bastante extendida en Sevilla, un ejemplos de estos patios lo encontramos en el "Balcón de la Rosina, situado en la Plaza Alfaro, entre el callejón del Agua y los Jardines de Murillo. Según cuenta la leyenda se trata del balcón al que Fígaro aconsejó al Conde de Almaviva que escalara ataviado con diversos disfraces, para recuperar a su amada, en la ópera de Rossini “El Barbero de Sevilla”.

Sin movernos de este enclave único, nada mejor que hacer un alto en el camino para tomar unos vinos y tapas. Dejo aquí algunas sugerencias: En la calle de Mateos Gago 20, paramos en la Taberna La Goleta, también conocida como “Álvaro Perejil”, local con más de cien años, comenzó su andadura como despacho de vinos del Condado de Huelva. Tomamos el típico vino de naranja, un vino dulce con sabor a naranja, acompañado de unas buenas chacinas. A tan solo unos metros, se encuentra la Bodega Santa Cruz, también conocida como “Las Columnas”, donde encontraras un ambiente muy genuino con los camareros apuntando el importe de la consumición con una tiza sobre la barra. No debes perderte el montadito de “pringa” y una buena tortilla de patata. Cervecería la Giralda, situada a pocos metros de la Catedral, en la calle Mateos Gago 1, donde puedes disfrutar de la gastronomía y las vistas a la Giralda. En este local, con bóvedas de unos baños árabes del siglo XIII, no dudes en probar el solomillo con mojo picón.

Una última recomendación si todavía te encuentras con fuerza, sube a tomar una cerveza a la terraza del Hotel Doña María, disfrutaras de unas espectaculares vistas de la Giralda y Catedral, especialmente de noche.
 
La mañana del segundo dia la dedicamos a visitar otro de los monumentos imprescindibles, el Real Alcázar. Situado en el mismo entorno de la Catedral, es un conjunto de dos Palacios con más de mil años de antigüedad y uno de los palacios reales en uso más antiguo de Europa.

Tras atravesar la fachada roja del Alcázar por la Puerta del León, asi llamada por el azulejo de un gran león sobre la puerta, encontramos el Patio del mismo nombre, accediendo a la izquierda a la Sala de la Justicia, una hermosa estancia de estilo mudéjar. Más adelante llegamos al Patio de Yeso, con un bello lateral porticado.

Continuamos nuestro recorrido hasta el Patio de la Montería, lugar de encuentro de los monteros cuando iban de caza con el Rey. En uno de sus laterales se encuentra el Palacio de Pedro I, que se articula alrededor del Patio de las Doncellas, rodeado de pórticos con arcos lobulados, con sus paredes decoradas con un hermoso zócalo de azulejos. 

Un arco de este patio, nos da acceso al Salón de Embajadores que se encuentra suntuosamente decorado y en donde es de resaltar una serie de retratos de todos los Reyes de Castilla, con sus escudos de armas y fecha de su reinado, sin perdernos la impresionante bóveda. 
Otra de las principales salas que rodean el palacio, es la Alcoba Real, donde podemos admirar tres arcos de herradura con una increíble decoración mudéjar. Pasaras también por el Patio de las Muñecas, de una gran elegancia y que recibe este nombre por las cabezas femeninas que se encuentran en los capiteles de las columnas. En el Cuarto del Almirante, a la derecha del Patio de la Montería, se ubicó la famosa "Casa de Contratación de Indias", en una de cuyas salas podemos contemplar diversos cuadros, con mención especial para el retablo de la Virgen de los Navegantes.

Otro de los lugares importantes de la visita, es el Palacio Gótico. Las dos estancias principales son la "Sala de las Bóvedas" y el Salón de Tapices, que alberga enormes tapices flamencos. Merece una parada la visita del  Cuarto Real Alto, en donde podemos ver el dormitorio utilizado por Isabel La Católica durante sus estancias en el Palacio y la capilla, junto a otras dependencias usadas hoy en día para actos oficiales.

Sin duda, otro de los grandes atractivos del Alcázar de Sevilla son sus numerosos jardines, pasear por ellos es una de las experiencias más gratificantes que pueden vivirse en este enclave. Aunque ya un poco cansados, merece la pena no perderte el Estanque de Mercurio, un gran estanque con una estatua del dios romano dominando el paisaje. Justo detrás, se encuentra la Galería de Grutesco, un muro que divide los jardines en dos. 
Una sugerencia: Para evitar colas en el Real Alcázar, os recomendamos comprar las entradas con antelación por internet en la web oficial. Como curiosidad el Alcázar de Sevilla ha sido escenario de numerosas producciones televisivas, una de ellas, “Juego de Tronos”, se grabó en el Salón de los Embajadores.

Contiguo al Alcázar, se encuentra el “Archivo General de Indias”, instalado en la antigua lonja, en un edificio diseñado por Juan de Herrera, el mismo arquitecto de el Escorial. En su interior, se guardan importantes y numerosos documentos relacionados con el descubrimiento de América.  Tambien es posible visitar interesantes exposiciones temporales.

Un alto en el camino y parada para comer. Cruzamos la Avenida Constitución, para adentramos en el Barrio del Arenal, situado en la margen izquierda del río Guadalquivir entre la puerta de Triana y la torre del Oro. En su día, fue este un gran espacio abierto con suelo de arena, que ocupaba la zona portuaria por donde entraban a la ciudad todos los nuevos productos llegados de las Indias tras el descubrimiento de América, por ello es el lugar donde se encuentran las Atarazanas. (Esos antiguos astilleros del siglo XIII, han servido de escenario a uno de los capítulos de la serie televisiva “Juego de Tronos”).

Realizamos una ruta de tapas por este barrio, muy ligado al mundo de la tauromaquia, dado que el mismo alberga el coso taurino de la Real Maestranza. (En su interior encontraras un Museo y capilla, que si dispones de tiempo es interesante visitar). Estas son mis recomendaciones: En la calle Harinas 10, se encuentra Bodeguita Romero, primera parada en uno de los mejores bares del Arenal. No dejes de probar: el bacalao, las papas “aliñás” y la tapa estrella: el montadito de “pringá”, de lo mejor que puedes encontrar en Sevilla. Bar el Baratillo, situado en la calle Adriano, frente a la Hermandad del Baratillo y la Real Maestranza, en su decoración interior, resaltar los techos de madera, paredes de piedra adornadas por una numerosa colección de cabezas de toro y objetos antiguos. No os perdáis las tapas de carrillera y el rabo de toro, bien elaboradas y a un precio correcto. Bar Postiguillo, situado en la calle Dos de Mayo, junto al Arco de Postigo y frente a las Reales Atarazanas, en lo que fue una antigua lonja de pescado. Local inspirado en los corrales de comedias, en donde nuevamente las cabezas de toro son las protagonistas de la decoración. Con respecto a la comida, buenos los bocaditos de Camembert con langostinos y el foie de paté a la plancha con mermelada de pimientos asados y la tapa que no debes perderte, el tataki de atún, espectacular. A mejorar el servicio de camareros. Bodeguita Antonio Romero. Situada a la espalda de La Maestranza, en la calle Antonia Diaz 19. No debes marcharte sin probar la especialidad del local, el “Piripi”, un rico montadito que preparan a la plancha a base de: lomo, beicon, queso, tomate y mayonesa. El montadito de “pringá”, tampoco se queda atrás.

Para bajar la comida, una visita por los exteriores de la Plaza de Toros, para seguir por el Paseo Colon hasta la Torre del Oro, uno de los monumentos más emblemáticos de Sevilla después de la Giralda. Se trata de una torre albarrana que formaba parte del recinto amurallado existente en su día en la ciudad. Situada en el margen izquierdo del rio Guadalquivir, data del siglo XIII, tiene una altura es de 36 metros y está formada por tres cuerpos, los dos primeros dodecagonales y el cuerpo superior cilíndrico rematado por una cúpula. Parece que debe su nombre a los reflejos dorados que producían los azulejos que la recubrían en su tiempo. Solo visitamos los exteriores, ya que su interior no tiene nada destacable.

Ponemos rumbo en dirección a la Plaza España, donde quedaras emocionado al contemplar la belleza de esta singular plaza. Proyectada con motivo de la Exposición Iberoamericana que tuvo lugar en Sevilla en 1929, destaca por su enorme pabellón semicircular, rematado con torres en los extremos, en donde se combina el ladrillo cara vista y la cerámica. A lo largo del edificio, hay bancos hechos con azulejos que representan todas y cada una de las provincias españolas ordenadas alfabéticamente, que lucen el escudo, un mapa y un azulejo con hechos históricos relevantes de cada provincia y sobre ellos, aparecen bustos que representan a ilustres personajes de la historia española. Como curiosidad, la plaza debería tener 50 bancos (tantos como provincias españolas) y en realidad tiene 48, dado que cuando se construyó la plaza, Canarias solo tenía una provincia (fue en 1927 cuando se dividiría en Las Palmas y Tenerife), también falta el banco dedicado a Sevilla, dado que ya se encuentra representada en cuatro murales de la plaza. Rodeando la plaza, se encuentra el pulmón verde de la ciudad, el Parque de María Luisa.

La mañana del tercer día tomaremos como punto de partida la Plaza Nueva, a la que accedemos por la Avenida de la Constitución. Edificada sobre el solar que ocupo el convento más grande de Europa. Puede considerarse este espacio como la Plaza Mayor sevillana, por contar con la presencia del Ayuntamiento y en ella nos llamará la atención la escultura del Rey San Fernando en el centro. Detrás del Ayuntamiento, se encuentra una plaza más tranquila y más pequeña, Plaza de San Francisco, que guarda dos sorpresas: la imponente fachada trasera del Ayuntamiento, una obra cumbre del renacimiento español y unas espectaculares vistas de la Giralda, especialmente al atardecer desde la esquina que da a la calle Sierpes.

Continuamos nuestro recorrido por una de las calles más representativas del comercio tradicional sevillano, donde se entremezclan establecimientos de toda la vida, con franquicias que podemos encontrar en cualquier otro lugar de España. Vale la pena callejear por la peatonal calle Sierpes y por otras calles perpendiculares y paralelas, como Velázquez o Tetuán. Recomiendo detenerte ante alguno de los centenarios comercios que puedes ver en esta calle: En el N.º 40 la Sombrerería “Maquedano”, Mantones y abanicos “Foronda” en el N.º 33, relojes en el N.º 19 “El Cronometro”, “Ferrer” la papelería más antigua de España en el N.º 5, la excelente repostería de “Confitería La Campana” en el N.º 1-3.

Parada para comer en Bodega Dos de Mayo, situada en la céntrica Plaza de la Gavídia, justo al lado del párking público de El Corte Inglés. Destacar de lo que probamos: Deliciosas las albóndigas de chocos y gambas que acompañan con patatas panaderas, para seguir con unos buñuelos de bacalao y finalizar con un flamenquín con crema de cabrales. Es uno de los bares con mejor relación calidad precio de Sevilla, seguro que no os va a decepcionar.

Terminada la comida, volvemos de nuevo por la calle Sierpes, desviándonos a la izquierda a la altura de la calle Sagasta, para dirigirnos hasta la Plaza del Salvador, echando una ojeada al pasar a la centenaria "Taberna EntreCarceles", que ocupa lo que era sala del Cuerpo de Guardia en la antigua Cárcel Real de Sevilla. Lo más destacable de esta plaza es la Iglesia del Salvador, construida sobre la primitiva Mezquita Mayor de Sevilla, es el segundo templo más grande de la ciudad, tras la Catedral. En el interior de este templo, es de resaltar el colosal retablo Mayor en estilo barroco dedicado a la Transfiguración del Señor, obra de Cayetano de Acosta, pero todos y cada uno de los retablos de esta iglesia, son una maravilla, que merecen ser observados con detenimiento.
En el lado izquierdo (Nave del evangelio), se sitúa la Capilla Sacramental, con un espectacular retablo, en donde se encuentra la imagen de “Nuestro Padre Jesús de la Pasión”, obra culmen de Martínez Montañés de 1615, que recorre las calles sevillanas la noche del Jueves Santo.
En la cabecera del lado derecho (Nave de la Epístola), podemos admirar el “Cristo del Amor”, obra esculpida por Juan de Mesa en 1620 y a su lado, “Nuestra Señora del Socorro”, de Juan de Astorga, pasos titulares de la Hermandad de El Amor.

Ya en los exteriores, rodeando la Iglesia por la calle Córdoba, encontramos la torre, antiguo alminar de la Mezquita y junto a ella, accedemos a la Plaza de los Naranjos, antiguo patio de abluciones de la Mezquita, en donde podemos ver la Capilla del Cristo de los Desamparados. Dejamos la plaza, para seguir caminando por la calle Álvarez del Quintero, en donde vale la pena detenerse en dos comercios con solera: En el N.º 6, “Cerería el Salvador”, local centenario dedicado a la fabricación de velas y en el N.º 14, “Joyería Reyes”, joyería decana de la capital sevillana.

Caminando por la calle Álvarez del Quintero, nos desviamos a la izquierda por la calle Chapineros, por donde llegaremos a la comercial calle Francos. El nombre de esta última calle, le viene del privilegio de tener libre del pago de impuestos otorgado por Fernando III a los comerciantes aquí instalados. Recomiendo una parada en el Nº 38, “Cordonería Alba”, donde hoy en día continúan fabricando cordones de manera artesanal. Llegando a la Puerta del Perdón de la Catedral, ponemos fin a esta interesante jornada.

La mañana del cuarto día la vamos a dedicar a conocer el pintoresco barrio Triana, en donde recomiendo perderte por sus calles, descubriendo todos y cada uno de sus rincones.

Para comenzar a tomar el pulso al barrio trianero, nada más cruzar el Puente Isabel II, más conocido como Puente de Triana (uno de los puentes de hierro más antiguos de España), recomiendo una parada en el Mercado de abastos, con sus coloridos puestos de frutas y pescados. De su interior, te llamara la atención como los nombres y número de cada puesto se encuentran pintados sobre azulejos. En los bajos del Mercado podemos ver los restos del Castillo de San Jorge, que durante tres siglos fue sede de la Inquisición.

Saliendo del Mercado, nos encontramos con la Plaza del Altozano, en donde puedes ver una estatua de Juan Belmonte, uno de los más famosos toreros sevillanos. (Un detalle curioso: desde el hueco de la estatua de hierro, puedes obtener una original foto con la Giralda como fondo). De esta plaza, parte la arteria principal del barrio, la calle San Jacinto, nosotros giramos a la derecha por la primera calle que nos encontramos nada más cruzar el puente, Calle Castilla y nos detenemos a visitar el Callejón de la Inquisición, pequeña calle que se encuentra al lado del antiguo Castillo de San Jorge, lugar en donde se celebraban los juicios de la Inquisición, los acusados que eran culpables pasaban por este callejón camino de la hoguera. Este estrecho pasaje comunica la calle Castilla con la antigua zona de embarcaderos, el paseo de Nuestra Señora de la O, que se extiende paralelo al río Guadalquivir. (Durante los fines de semana alberga un interesante mercadillo, donde diferentes artesanos exponen sus obras).

Continuamos caminando por la calle Castilla, en donde recomiendo dos paradas: En el N º 18, Iglesia de Santa María de la O, con una bonita decoración cerámica en su torre. De su interior, resaltar la imagen que preside el retablo de la Capilla Sacramental, situada en la nave de la Epístola, Nuestro Padre Jesús Nazareno, con una bella cruz de carey y en el N º 182, Basílica del Patrocinio, donde recibe culto el famoso Cristo trianero, “Santísimo Cristo de la Expiración”, una excepcional talla en madera policromada realizada por Francisco Ruiz Gijón en 1682, que trata de escenificar a través de un magnífico estudio anatómico, el momento de la agonía. Cuenta la leyenda, que el imaginero se inspiró en un gitano de Triana apodado “El Cachorro“, muerto de forma violenta, plasmando en la expresión del Cristo, el rostro crispado por el dolor de la agonía del gitano, de ahí que a esta imagen se la conozca popularmente con este apodo. 

Volvemos de nuevo a la calle San Jacinto, para coger la segunda calle que nos encontramos a la izquierda nada mas cruzar el puente, Calle Pureza. En esta calle recomiendo dos paradas: En el N º 79, lugar donde se sitúa la iglesia de Santa Ana, considerada por muchos «la Catedral de Triana «, mandada construir en el siglo XIII por el rey Alfonso X, según cuenta la leyenda después de curarse de una enfermedad en los ojos gracias a la intercesión de Santa Ana, madre de la Virgen. Destacar de su interior el fabuloso retablo mayor, presidido por las imágenes de Santa Ana con la Virgen y el Niño, junto con una valiosa colección de pinturas acerca de la vida de San Joaquín y Santa Ana, obra de Pedro de Campaña. En la Nave de la epístola, resaltar la capilla de la Virgen de la Victoria, obra del siglo XVI, frente a cuya imagen se postraron los 18 marineros que sobrevivieron después de completar la primera vuelta alrededor del mundo, con Juan Sebastián Elcano a la cabeza. En el trascoro, es de resaltar un retablo que alberga la pintura de la Virgen de la Rosa, flanqueada por cuatro ángeles, obra de Alejo Fernández en el siglo XVI.  En el N º 58, nos detenemos en la Capilla de los Marineros, sede de la Hermandad de la Esperanza de Triana. En el interior, es de resaltar el artesonado del techo, realizado en madera de pino rojo y el Retablo Mayor, que se encuentra presidido por la imagen de Nuestra Señora de la Esperanza, también conocida como de “La Esperanza de Triana”, atribuida a Juan de Astorga, en el siglo XIX; te quedaras maravillado ante esta Virgen de grandes y luminosos ojos, que sostiene un pañuelo sobre su mano. Es una imagen muy venerada en el barrio de Triana y otra de las más populares de la ciudad; esta hermandad fue fundada por el gremio de los ceramistas, al que después se unió el gremio de los pescadores y posteriormente el gremio de los marineros. En un retablo situado en la nave del Evangelio, podemos admirar el “Santísimo Cristo de las Tres Caídas”, atribuido a Marcos Cabrera en 1630, que muestra a Jesús con la cruz al hombro en su tercera caída, siendo ayudado por el cirineo en presencia de un soldado romano a caballo. Sin lugar a dudas es una visita que no debes perderte, para de esta manera, sentir la fe que se palpa entre las paredes del templo y la veneración del pueblo sevillano.

Para comer, nos dirigimos al N.º 49 de la calle San Jacinto, lugar en donde se encuentra uno de sus bares más populares de Triana, La Blanca Paloma. El local está dividido en dos zonas, una en plan taberna donde puedes pedir tapas, medias raciones y raciones enteras y la otra zona, una poco más adelante tipo restaurante, donde solo sirven raciones (medias o enteras). Nos quedamos en la zona de Taberna y disfrutamos con las ricas y elaboradas tapas que tomamos, destacar: berenjenas rellenas de gambas y las patatas aliñadas con melva.  Otros tres locales de Triana que también recomiendo: Las Golondrinas, en su local original de la calle Antillano Campos 26, de donde no debes dejar de probar, las puntas de solomillo y los champiñones a la plancha. Casa Cuesta, situado en la calle Castilla 1, representa la imagen de las tabernas antiguas de principios del siglo XX. Local presidido por un reloj centenario, decorado con azulejos trianeros antiguos y una colección de carteles de Fiestas y Semana Santa, pintados por reconocidos pintores sevillanos. Taberna Sol y Sombra, situada en la calle Castilla 147, un local con autentico sabor sevillano, decorado con una colección de carteles de corridas de toros, de sus buenas tapas, resaltar las gambas al ajillo y el lomo al ajo.

Terminada la comida, un paseo por la calle Betis, la primera calle que nos encontramos a la izquierda nada más cruzar el puente y que se extiende en paralelo al río Guadalquivir, entre el puente de Triana y el puente de San Telmo. Te llamara la atención en esta calle el colorido de sus casas y podrás contemplar desde el otro lado de la capital sevillana, unas estupendas vistas de la Torre del Oro y la Giralda.

Antes de abandonar Triana, un paseo por la calle Alfarería, que debe su nombre a los talleres de alfarería que han perdurado a lo largo de los siglos, con tiendas de cerámica en las que perderse entre azulejos, tiestos y platos trianeros.

También es posible adentrarse en algunos patios o casas de vecinos, primorosamente decorados, que merecen una parada para su contemplación: El Corral de Herrera, en la calle Pagés del Corro 111, es una de las antiguas casas de vecinos (1909), donde vivían con las puertas abiertas y el patio era el centro de la vida diaria. No muy lejos, en la calle Castilla 16, puedes encontrar el Corral de las Flores, su parte trasera da al "Paseo de la O", en la margen derecha del río Guadalquivir. Se construyó en 1903 y es uno de los corrales más antiguos de la ciudad de Sevilla.


Nos vamos a descansar al Hotel, para mañana iniciar el viaje de vuelta para Valladolid y poner fin a esta interesante ruta.



Otras sugerencias y curiosidades.

* En esta ocasión nos hemos alojado en el Hotel NH Sevilla Plaza de Armas, un hotel moderno y funcional, con una ubicación inmejorable, a escasos 15 minutos de la Catedral. En otras ocasiones, nos hemos quedado en el Hotel Zenit, situado en el popular barrio de Triana, ha sido reformado totalmente y se encuentra muy cercano al centro de Sevilla.

* En este blog, se encuentran tres entradas relacionadas con Sevilla: “Paso a paso por las Iglesias de Sevilla”, "Comercios con solera en Sevilla" y “Tabernas centenarias en Sevilla”, que pienso pueden ser de interés en tu visita a la capital hispalense.

* Aunque un poco alejado del casco histórico, si dispones de tiempo, no debes dejar de visitar el Convento de Santa Paula, situado en la calle Santa Paula. Se trata de un monasterio de monjas Jerónimas que esconde una bella iglesia gótico-mudéjar del siglo XV, de cuyo interior quiero resaltar el retablo de San Juan Bautista, en donde la escultura central, es de Martínez Montañés y el retablo del Santo Cristo del Coral, un crucificado del XVI. También en su interior se encuentra un Museo, con interesantes obras de arte, que posee la particularidad de ser uno de los pocos museos que se encuentran en el interior de una zona de clausura. Las monjas elaboran deliciosos dulces y sobre todo mermeladas, no dejes de probarlos. (El horario de visita no es muy favorable: de 10 a 13 horas de martes a domingo, pero vale la pena un esfuerzo).

* Si dispones de más tiempo, dejo un par de recorridos interesantes, con los que podrás seguir conociendo otros rincones de la capital sevillana:

1 º Atravesando la plaza Nueva y subiendo hasta la plaza de San Lorenzo, llegaras al animado barrio de la Alfalfa, en donde recomiendo detenerte en la coqueta plaza del Pan, actual plaza de Jesús de la Pasión, con numerosos comercios tradicionales y tiendas de antigüedades. Bares y tiendas de todo tipo cuajan las calles por las que avanzamos, tras una parada para tomar churros con chocolate en el Bar El Comercio de la calle de Puente y Pellón, llegaremos a la plaza de la Encarnación, donde se encuentra la llamativa y polémica estructura de Metropol Parasol, más conocido por los sevillanos como las “setas”, obra del arquitecto Jürgen Mayer. 

Caminando por la calle Imagen, nos llevara hasta la plaza del Cristo de Burgos, lugar en donde se encuentra la Taberna Coloniales, otro lugar recomendado para comer o cenar y de postre, pásate por la Heladería Rayas, en donde no dejes de probar mítico “Beso de Dama”, aunque todos sus helados están realmente buenos ¡lo mejor de Sevilla ¡(Tienen otra sucursal en la Calle Reyes Católicos). En este entorno en donde nos encontramos, recomiendo acercarse hasta la calle Gerona, donde vale la pena una parada en el Rinconcillo, considerada la taberna más antigua de Sevilla, que data de 1670, en donde no dejes de probar: las espinacas con garbanzos, la carrillada y las pavías de bacalao. Nuestra siguiente parada es para visitar la Casa de Pilatos, uno de los palacios sevillanos más significativos. El palacio ha sido escenario cinematográfico de varias películas, entre ellas Lawrence de Arabia. El palacio gira en torno a dos patios, en torno a los cuales tenemos el edificio principal de dos plantas. En la galería baja del patio principal hay veinticuatro bustos de emperadores romanos y personajes relevantes. A la parte superior se accede por una monumental escalera decorada con bellos zócalos de azulejos de gran colorido. Dispone de varias salas con una buena colección de pinturas y tapices que datan de los siglos XVI al XIX, en donde son de resaltar el fresco del pintor Francisco Pacheco del siglo XVII, “La apoteosis de Hércules” y una pintura sobre cobre de la serie de Tauromaquia de Francisco de Goya junto a tres obras del pintor Lucas Jordán. Para terminar, una parada en la animada Plaza de la Alfalfa, en donde los domingos se celebra un mercadillo de animales. (En la Bodega La Alfalfa y La Trastienda, puedes tomar unas buenas tapas).

2º De haber sido jueves, es interesante pasarte por la calle Feria, paralela a San Luis, donde podemos visitar el mercadillo semanal de antigüedades, con multitud de curiosidades y buen ambiente. Otro de los puntos de interés del barrio, es la iglesia Omnium Sanctorum, situada en la calle Peris Mencheta 2, edificada sobre una antigua mezquita almohade, posee una interesante torre mudéjar y en su interior, quiero destacar la talla del Crucificado situado en el retablo del Cristo de la Buena Muerte, fechado en 1.690. De espaldas a la calle Feria, se encuentra la histórica Bodega Mateo Ruiz, fundada en 1918 como despacho de vinos a granel, si eres amante del bacalao, recomiendo que pruebes cualquiera de sus especialidades. Para terminar el paseo, podemos llegar hasta la Alameda de Hércules, donde destacan las columnas romanas coronadas por Hércules y Julio César.


José María Vicente




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  1. gracias por su tiempo, el detalle que pone en cda ruta somos un grupo de 6 amigos ya jubilados y nos encanta a todos su blog, apasionados de Sevilla y gracias a usted hemos conocido rincones que desconociamos.

    Le animo a que siga publicando, nosotros seguirme devorando sus cronicas.

    eskerrik asko lagun!

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  2. Gorka, te agradezco mucho el comentario y que las rutas que voy publicando sean de vuestro interes.Quizas en esta ruta me haya extendido un poco mas de lo habitual, pero la cantidad de rincones interesantes que tiene la capital sevillana, lo merecia. Comentarios como el tuyo me animan a seguir escribiendo.
    eskerrik asko

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